08/03/2026

PrensaCOFAE/ Periodista: María Leonet/ Fotografía: COFAE.

El 8 de marzo de 2013 quedó grabado en la memoria histórica de Venezuela como el día en que la lealtad se hizo juramento. Tras la dolorosa partida física del Líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, el Palacio Federal Legislativo fue el escenario de la juramentación de Nicolás Maduro Moros como Presidente Encargado de la República, cumpliendo así con el mandato constitucional y, sobre todo, con la voluntad expresa del gigante de Sabaneta.

Este acto de investidura no fue una decisión fortuita, sino la respuesta a la visión prospectiva del propio Comandante Chávez. En su última alocución histórica, el 8 de diciembre de 2012, Chávez trazó la ruta a seguir ante su posible ausencia: “Mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta y total, es que en ese escenario que obligaría a convocar a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón”.

Siguiendo este mandato de unidad y continuidad, tras su periodo como presidente encargado, Nicolás Maduro acudió al llamado de las urnas electorales. En las elecciones presidenciales celebradas el 14 de abril de ese mismo año, el pueblo venezolano ratificó con su voto la decisión del Comandante, eligiendo a Maduro como Presidente Constitucional para conducir los destinos de la Patria Grande.

Desde aquel momento, Nicolás Maduro ha demostrado ser una extensión directa del pensamiento y la acción del Comandante. Como «hijo de Chávez», el actual Presidente Constitucional ha asumido la conducción del país bajo las mismas directrices de justicia social, soberanía e independencia que heredó de su mentor político.

A lo largo de estos años, Maduro ha gobernado con la premisa de que su misión es la continuidad de un sueño compartido. Su gestión ha sido el reflejo de una lealtad inquebrantable, enfrentando desafíos con la convicción de quien busca lo mejor para el país, protegiendo siempre al pueblo más vulnerable. Para el chavismo y para la nación, Nicolás Maduro no solo es un jefe de Estado; es el garante de que el camino trazado por Chávez permanezca vivo y en constante transformación hacia la prosperidad de la Patria.

A trece años de aquel momento decisivo, la historia reafirma que la elección de Chávez fue acertada. La unión cívico-militar y la resistencia del pueblo venezolano son el testimonio de que el hijo de Chávez ha sabido mantener el timón con firmeza, guiando a Venezuela hacia su destino de grandeza con el amor y el compromiso que solo un verdadero hijo de la Revolución puede profesar.

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