12/02/2025
PrensaCOFAE/ Periodista: María Leonet/ Fotografía: COFAE
En vísperas del 12 de febrero, Venezuela se prepara para conmemorar uno de los hitos más gloriosos de su gesta independentista: la Batalla de La Victoria. A más de dos siglos de aquel sacrificio, el legado del General José Félix Ribas, el «Vencedor de Tiranos», resuena no sólo como un recuerdo, sino como un llamado urgente a la reflexión sobre la realidad que hoy atraviesa la juventud venezolana.
Contextualizada en la fragilidad de la Segunda República de 1813, la Batalla de La Victoria surgió como la respuesta heroica ante la sombra mortal de José Tomás Boves. Con un ejército de apenas 1.500 hombres, que en su mayoría seminaristas y estudiantes sin entrenamiento militar previo; Ribas enfrentó a una fuerza realista que duplicaba sus números.
Aquel día de 1814, el patriotismo se impuso sobre la opresión. Bajo la consigna inmortal de “No podemos optar entre vencer o morir; ¡necesario es vencer!”, la juventud de la época demostró que el amor por un ideal sagrado es la fuerza más poderosa contra cualquier tiranía. Este triunfo cambió el rumbo de nuestra historia, consolidándose como el símbolo máximo de la resistencia y el valor nacional.
Al conmemorar esta fecha patria, es imperativo contrastar la gloria histórica con los enormes desafíos sociales y económicos que enfrenta la generación actual. Los valores de solidaridad y sacrificio que Ribas inspiró se encuentran hoy a prueba bajo condiciones críticas de vulnerabilidad. La batalla de La Victoria tiene una gran importancia en la actualidad por su capacidad de inspirar a las nuevas generaciones el ejemplo de 1814 nos recuerda que el espíritu indomable de Venezuela reside en sus jóvenes.
Recordar esta lucha en cada escuela y liceo no debe ser un acto meramente protocolar, sino un compromiso para restaurar la protección y las oportunidades que la juventud merece. La sangre derramada en busca de la libertad nos obliga hoy a garantizar que esa libertad se traduzca en bienestar, nutrición y educación de calidad.
Hoy, como hace 212 años, la consigna sigue vigente. Ante los desafíos del presente, la unidad y la voluntad de proteger a nuestra generación de relevo son la única vía para asegurar que, al igual que en los campos de Aragua, la esperanza vuelva a ser más fuerte que la adversidad.